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Dragohuevo
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**Una pequeña figura caminaba por un pasillo largo, a cuyos lados había muchas puertas, cada una de ellas con un nombre distinto. Los pequeños pies de la figura apenas hacían algún sonido al caminar, tan solo el mero frufrú de la brisa y de algo rozar el aire parecía acompañarla. Sus pequeños pasos, se detuvieron delante de una de las puertas de ese pasillo. Alzó su mirada y se fijó en el nombre. Yanclod Vandame. Así rezaba el nombre que estaba en la puerta. La pequeña figura tomó aire y abrió la puerta. El interior, teñido de un velo oscuro se iluminó levemente por la luz que entraba del pasillo, al menos durante algunos instantes, los cuales la figura se adentraba en la habitación.

- ¡Por Yopuka!.. Ahh no tenéis suficiente con encerrarme en ésta habitación sino que encima me atáis. ¡Qué queréis de mí!, ¡Os enseñaré que un Yopuka jamás se rinde!, aunque sea sin mis armas, ¡a cabezazos os derrotaré a todos y me comeré vuestras orejas! **De hecho, en la cama, el Yopuka se encontraba ya dando tirones de los correajes y moviendo la cabeza como si quisiese usarla como si fuese un arma.

**La pequeña figura continuó avanzando hasta que sus finas manos descorrieron la cortina, haciendo que la misma luz del sol entrase dentro de la habitación, por supuesto, ésto no pareció gustarle demasiado al Yopuka, quien inmediatamente reaccionó.

- Yaaarrggghhhh... ¡Asi que esas tenemos, quereis dejarme ciego, pues no, no vais a conseguir nada, os derrotare a todos aunque no os vea! Yopuka me está mirando, y saldré victorioso de aquí.

**"De aquí". Realmente esas palabras fueron las que estaban rondando a la mente de la pequeña figura que ahora abría la ventana para que entrase un poco de aire en el interior de la habitación. Por supuesto, la pequeña vena de la frente se empezaba a marcar y más de una vez se encontró a sí misma rezando e implorando a Aniripsa que le diese valor.

- ¿No recuerdas donde te encuentras?. Ya está bien, siempre terminamos por tener la misma conversación. De verdad, Yanclod, agradezco y agradecemos el trabajo que haces en Incarnam, al ayudar a los nuevos píos que se unen a nosotros, y con las banderas que traes, pero deberias de dejar de tomar esa dichosa sopa de champi-champ. No te sienta nada bien.

**La pequeña figura, una aniripsa de delgado talle se acercó un poco hacia el Yopuka, quien empezaba a relajarse ante la presencia de la Aniripsa. Sus alitas a su espalda se movían de vez en cuando graciosamente cuando ella hacía un gesto. De la cama, tomó un pequeño tablero de madera con algunas hojas que tenía los datos acerca de la recuperación y del estado del propio Yopuka.

- Ahh Lyzz, eres tú. Buf, no veas lo que me ha pasado. Estaba yo en Incarnam junto a mi garita, como siempre, hablando con los nuevos aventureros que llegaban allí, cuando Xelorat Master, me dijo que había ocurrido un problema con el globo. ¡Que desastre!, los aventureros no podrían bajar a Astrub si no conseguíamos arreglarlo, y no podían enviarnos piezas desde abajo, así que tuvimos que improvisar. Hablé con Yueva Cantaros y le pedí ayuda a sus pequeñas haditas, entonces con la ayuda de los demás aventureros, conseguimos recaudar lanas de jalato y cueros, con los que pudimos hacer un parche en el globo, pero entonces teníamos el problema del gas.. y...

**El Yopuka hablaba y hablaba, deprisa y apenas se le llegaba a entender, la pequeña Aniripsa, ya acostumbrada a las palabras y a la agilidad, al menos a la hora de hablar, del Yopuka, no pudo sino asentir e intentar seguir la conversación, por supuesto. Miró el informe y los análisis, por suerte para el pes... intrépido mejor dicho, Yopuka, su salud estaba mejorando. Sonrió entonces y se llevo sus manos hacia la cintura, poniéndolas en jarras mientras que alzaba una de sus cejas.

- Vale.. vale.. ya está bien de aventuras. No sé como te las arreglas que siempre terminas aquí, y mucho menos, no sé qué le haces a las demás Aniripsas que no quieren atenderte. **La pequeña suspiró de nuevo y terminó por negar. - Supongo que no importa, pero sea como sea, lo que cuenta es que ahora estás mucho mejor, aunque eres un asiduo "invitado" ya de éste hospital de Astrub. Ni siquiera a los jóvenes aventureros tenemos que atenderles tanto, y no hablemos de los sacógritos, ellos.. dejémoslos, terminamos por ser compañeros inseparables de ellos.

**El Yopuka puso los pies en la tierra, si es que alguna vez los tuvo sobre la misma y ambos estuvieron charlando durante un rato de manera tranquila, más bien, porque la pequeña Aniripsa estaba preocupada por él y quería asegurarse de que todo estuviese bien. Un sonido, entonces empezó a hacer furor en la plaza, sonido que llegaba por desgracia al hospital y que seguramente molestaría a muchos de los pacientes que allí estaban descansando. Alzó una de sus finas cejas y miró por la ventana con cierto aire interrogante.

- ¡Por la hoja de mi espada!, parece que por fín han llegado. **El Yopuka en la cama sonrió e hizo un ademán de ponerse en pie, de nuevo olvidando que estaba atado, por lo que consiguió simplemente darse un cabezazo contra la cama.

- ¿Llegado, quiénes han llegado?. **La pequeña Aniripsa seguía mirando hacia la ventana y empezó a caminar hacia la misma, como si la misma curiosidad de la vida le estuviese llamando.

- Los mercenarios mujer, los mercenarios, ¿no lo sabías?, han estado colgando algunos carteles en las tabernas y en Incarnam no se habla de otra cosa, ni siquiera del lobito blanco, que está ya algo abandonado. El otro día, cuando andaba paseando por la cueva me lo encontré aullando a la luna y llorando porque no tenía aventureros con los que jugar, yo quería acercarme, pero entonces recordé que había dejado mi garita abierta y no había puesto una nota y... **seguía y seguía hablando sobre unas aventuras que tuvo, o que quizás había soñado.

**Curiosidad, cientos de preguntas aparecieron en la mente de la pequeña Aniripsa, quien se acercó a la ventana y terminó por apoyarse en el alféizar de la misma mientras que suspiraba. Desde que era una pequeña pío, siempre había soñado con salir de aventuras, con conocer a bravos guerreros, por derrotar a los monstruos. Escuchó cientos de veces la historia y leyendas de los Dofus, y quería probar suerte por sí misma. Pero, los sueños, siempre se han dicho que sueños son. Los padres de Lyzz eran los encargados del hospital de Astrub, hospital que tenía un volúmen de enfermos no demasiado alto, la verdad sea dicha pero se estaba preparando para sucederles.
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